Tiempo de castañas: Juan Jiménez, el castañero mijeño de los años 70, por Isabel Gámez

Tiempo de castañas: Juan Jiménez, el castañero mijeño de los años 70, por Isabel Gámez

Con el recién llegado otoño, las calles mijeñas se han llenado de un olor inconfundible; el de las castañas asadas. Como cada año, los puestos ya están ocupando el espacio reservado para este menester, aunque este año tienen un competidor que se sale de la “tradición otoñal”; el helado.   El pasado viernes, mi amigo Cristóbal me comentaba precisamente lo extraño que le fue ver a su hija comiendo un helado y a su hijo con un cartucho de papel lleno de castañas recién asadas…, y aunque el frio no llega y tampoco el agua, a este fruto asado no le fallan sus “fieles seguidores”; yo soy una de ellas…

Al igual que muchos conocidos, yo también tenía mi “castañero preferido”; «Juanico el de las alvellanas», así se le conocía en el pueblo mijeño. Un hombre alegre que recorría a diario las calles del pueblo cargando su pesada y gran cesta ovalada de mimbre que me resultaba desproporcionada para la pequeña estatura de Juan, y además, solía llevarla repleta de avellanas y otros frutos secos que intentaba vender a todo el que se encontraba.

En aquellos años; allá por el 70, siendo yo una chiquilla, Juan ayudaba a su padre Salvador por estas fechas a montar el puesto de castaña familiar; un anafe, una olla con agujeros en el fondo, una mesa, una silla de enea, un trozo de cartón que utilizaba a modo de soplillo, papel de periódico cortados del mismo tamaño, sal y saco de castañas…, y año tras años ocupaban el mismo espacio; cerca de la fachada de la Iglesia San Sebastián, en la plaza de La Libertad, y repetían el mismo ritual; mientras él se atareaba con sus pequeñas manos y navaja de hoja grande en hacer un corte a cada castaña para que no estallaran y fuese más fácil perlarlas, su padre las iba seleccionando y echando en la olla con un puñado de sal, para después remover una y otra vez para evitar que se quemaran, retirarlas en el punto exacto y echarlas sobre un trapo oscuro; con el sobrante las tapaba y las dejaba en el cajón de la mesa para mantenerlas calientes. Juan hacía un cartucho con el papel y echaba cinco castañas por una peseta…, y si su padre se distraía, me lo llenaba por el mismo precio y lo cerraba al momento para que no se viese su gesto y así, con su amplia sonrisa, me mostraba su aprecio.

Ni su padre ni él llegaron a conocer el euro, tampoco el microondas, creo, que tampoco las propiedades nutricionales de tan exquisito fruto. Si alguien nos hubiese dicho que las castañas eran una buena fuente de minerales como el magnesio, potasio, hierro y fósforo, que se les atribuyen propiedades tanto antiinflamatorias como vasculares, un alto contenido en hidratos de carbono, proteínas y fibra, así como su bajo contenido calórico (en torno a 190 Kcalorías/100gr)…, quizás, nos hubiésemos mirado, él se hubiese reído y yo me hubiese encogido de hombros… En cuanto al microondas quien sabe…

El microondas “viene al caso”, porque os voy a pasar la receta de cómo las podemos hacer en casa, ¡por supuesto que sin punto de comparación con el sabor de las que compramos en los puestos de nuestras calles!, pero nos vale para quitarnos el gusanillo sin ponernos los dedos negros.

CASTAÑAS EN EL MICROONDAS

Unas 12 castañas – sal – un paño de cocina limpio –

  • Lavo y seco el exceso de agua de las doce castañas, les hago un corte a cada una de ellas lo suficientemente profundo para cortar las dos pieles (la cáscara exterior y la piel interior), pues al calentarse sueltan mucho vapor y si no tienen ese corte estallan.
  • La humedad que se les queda nos vendrá bien para que no resequen, y aunque yo me entretengo en poner un poco de sal en cada corte; no es recomendable para la salud. Las pongo en un paño de cocina y las cubro con el mismo.
  • Las dejo dentro del microondas durante dos o tres minutos, a 800W, y las saco con cuidado para no quemarme con el vapor. Es importante pelarlas calientes, porque si no será casi imposible y comerlas recién hechas para que no se pongan duras.

La pasada semana las acompañé con chocolate recién hecho y estaban ¡¡buenísimas!! En un principio comencé con cuidado, consiguiendo un hilo de chocolate sobre algunas de ellas, pero terminé metiéndolas en el recipiente y comiéndolas tal cual salían… «En un recipiente apto para microondas ponemos un poco de mantequilla y unas gotas de naranjas (opcional) y el chocolate. Podemos derretirlo en el microondas o al baño maría. Se remueve bien y listo».

¿Y a vosotr@s como os gustan?

 

 

Isabel Gámez.

Por | 2017-10-17T16:40:11+00:00 martes, 17 octubre, 2017|Artes Populares, Gastronomía, Revista, Sociedad Mijeña|