La influencia del tabaquismo en tu genética

La influencia del tabaquismo en tu genética

La influencia del tabaquismo en los elementos genéticos móviles

M. Arroyo Varela, M.G. Claros Díaz1, R. Bautista Moreno2

Servicio de Neumología. Hospital Regional Universitario de Málaga. 1Profesor Titular. Departamento de Biología Molecular y Bioquímica. Universidad de Málaga. 2Plataforma Andaluza de Bioinformática-SCBI. Universidad de Málaga.

GENOMAS Y TRANSPOSONES

Durante muchos años, el genoma se consideró un ente inmutable formado por un conjunto de genes interrumpido por sus elementos regulatorios. Sin embargo, pronto se reconoció que la complejidad morfológica de un organismo no se relaciona necesariamente de forma directa con el tamaño de su genoma. Es más, Bárbara McClintock descubrió en el maíz que el genoma no era estable, que contenía unos elementos que se movían, lo que la hizo merecedora del Premio Nobel en 1983. Estos elementos saltarines es lo que hoy llamamos transposones, que no son más que secuencias de ADN capaces de moverse de manera autosuficiente de un lugar a otro en el genoma.

Solo por el hecho de moverse, un transposón puede acabar rompiendo genes e incluso cromosomas. Pero es aún más grave: los extremos de los transposones contienen unas secuencias repetitivas que pueden alterar seriamente la expresión de los genes y afectar al organismo que los aloja. Dada la potencial peligrosidad que suponen los transposones para la integridad y estabilidad del genoma, su actividad está reprimida por mecanismos epigenéticos, principalmente la metilación del ADN y la modificación de las histonas. Cuando el ADN está metilado y las histonas desacetiladas y desmetiladas, el ADN está superenrollado y silencioso. Cuando la situación se invierte y el ADN pasa a estar hipometilado, con metilación y acetilación de las histonas, el ADN se descompacta y se puede transcribir.

La metilación del ADN consiste en la adición de grupos metilo a las citosinas del ADN (cuando están precedidas de una guanina) para provocar el silenciamiento de la región metilada. Aunque la metilación es un proceso natural de regulación, cuando se desregula acaba provocando la formación de una célula cancerosa; es lo que ocurrirá si se pierde, por ejemplo, la función de un gen protector (regulador de la apoptosis, corrector de errores en el ADN…). La forma exacta en la que la metilación influye en las enfermedades continúa siendo en gran parte desconocida.

Cuando se pierde el control epigenético de los transposones, por ejemplo, porque su ADN deja de estar metilado y se descompacta, se acaban reactivando, o sea, se empiezan a transponer. Esto se ha descrito en numerosas enfermedades de los humanos, entre ellas el cáncer. La activación de los transposones no solo puede alterar la cantidad de ADN del genoma, sino que también provocará mutaciones por la sobreexpresión de un gen cercano, la interrupción de un gen esencial, o incluso el arrastre de un gen, o un trozo del mismo, de un cromosoma a otro. O sea, que no solo provocan cambios de expresión sino que pueden acabar haciendo que desaparezcan genes (o que se troceen), o que aparezcan otros nuevos (normalmente por fusión). Y aún más grave: las mutaciones inducidas por los retrotransposones son relativamente estables.

Gracias al desarrollo progresivo de las tecnologías de secuenciación conocemos hoy el genoma humano completo, y con ello sabemos cada vez más sobre la estructura, función e importancia de los transposones. El conocimiento del genoma humano desveló la presencia de una considerable cantidad de secuencias no codificantes y repetitivas; de hecho, el 70% de nuestro genoma ha sido generado por la actividad transposónica. Estas regiones repetitivas se han denominado durante mucho tiempo “ADN basura”, ya que no existían pruebas de que ejercieran algún tipo de función en el huésped. También se han considerado “genes egoístas” o “parásitos genómicos”. Sin embargo, se han ido acumulando pruebas que sugieren que, además de estar en el origen de algunas enfermedades, podrían tener efectos beneficiosos. Por ejemplo, hacen incrementar la diversidad genómica, lo que conduce a la evolución del genoma y a la especiación. También se ha visto que en algunas especies intervienen en la respuesta al estrés en la célula hospedadora, o toman el control de funciones vitales de la célula, como mantener la longitud de los telómeros.

El cáncer es una de las principales causas de muerte. En concreto, el cáncer de pulmón, a pesar de los avances de los tratamientos quimioterápicos, continúa siendo la causa más frecuente de muerte en el mundo, con una tasa de supervivencia a los 5 años de aproximadamente el 16%. Uno de los factores más influyentes para la aparición del cáncer de pulmón es el tabaquismo, y poco a poco se van vislumbrando los mecanismos que hacen que fumar favorezca el cáncer de pulmón. Uno de ellos parece ser la modificación química del genoma que podría alterar la regulación de los elementos genéticos móviles, y por ello hemos decidido realizar una revisión de lo que se conoce hasta ahora.

 

ELEMENTOS GENÉTICOS MÓVILES

CLASIFICACIÓN

Los transposones se clasifican por su estrategia de salto en conservativos y no conservativos. Los transposones no conservativos saltan de una posición a otra del genoma mediante un mecanismo de corta y pega, por lo que simplemente cambian de posición sin aumentar su número de copias (a menos que se produzcan errores en el salto). En cambio, los transposones conservativos usan un mecanismo de copia y pega, por lo que cada vez que saltan, aumenta su número de copias. Pero hay otra diferencia más: los no conservativos solo utilizan moléculas de ADN para saltar (de ahí que se suelan denominar transposones de ADN), mientras que los conservativos se transcriben primero a ARN y posteriormente este ARN se retrotranscribe a ADN mediante una retrotranscriptasa, y por eso se les de- nomina también retrotransposones.

Los retrotransposones se clasifican a su vez por su origen: los hay retrovíricos [retrotransposones con LTR (repeticiones terminales largas, del inglés long terminal repeats)] o no retrovíricos (retrotransposones sin LTR). Los más abundantes en los genomas de las células eucariotas son los que no tienen LTR, que se dividen a su vez en dos subtipos: los LINE (elementos dispersos largos, del inglés long interspersed elements) y los SINE (elementos dispersos cortos, del inglés short interspersed elements).

Por su mecanismo de salto, los retrotransposones incrementan en número de forma mucho más rápida que los transposones, y son los principales causantes del incremento del tamaño del ADN. Así, los transposones son responsables de la formación al menos del 45-50% del genoma, de los que aproximadamente el 42% son retrotransposones, un 8% son retrotransposones con LTR, y un 2-3% transposones de ADN, mientras que la parte codificante no supone más que del 1,5 al 2% del ADN. Por eso, el estudio de los elementos móviles del genoma humano es un campo en continuo desarrollo. Veamos en más detalle cómo son los transposones que parecen más relacionados con el cáncer.

RETROTRANSCRIPTASA

La retrotranscriptasa (en inglés reverse transcriptasa, por lo que también se la conoce como transcriptasa inversa, nunca transcriptasa en reverso) es una enzima que utiliza de molde ARN para sintetizar ADN. De ahí que su nombre oficial sea ADN polimerasa dirigida por ARN. Es esencial para la maquinaria de la movilización de los retroelementos y, por eso, atendiendo a si los retrotransposones codifican o no una retrotranscriptasa, los podemos dividir en autónomos (los que la tienen) y no autónomos (no la tienen). Los no autónomos han de utilizar la maquinaria de otros elementos autónomos, y entre ellos encontramos todos los SINE y las copias incompletas de cualquier otro tipo de transposón. Como los retrotransposones autónomos son, por tanto, los más abundantes, el análisis de un genoma hace parecer que la secuencia codificante más abun- dante en el genoma de los eucariotas superiores, sea la retrotranscriptasa.

LINE

Los LINE son muy abundantes en los genomas eu- cariotas, tienen un tamaño que ronda las 5-8 kpb, y comprenden el 17% del genoma humano (el 99,9% de los cuales ya no es autónomo). Entre los inactivos se encuentran los escasos LINE-2 y LINE-3, que se con- sideran arcaicos, casi un fósil. Los activos, obviamente, son los más abundantes, como los LINE-1 (L1), cuyo tamaño es de 6 kpb. El genoma humano contiene unas 516.000 copias de elementos L1, pero solo unas 100 son realmente funcionales y están completas.

La secuencia completa de un LINE comienza con una región sin traducir (UTR, del inglés untranslated region) que contiene un promotor para la ARN polimerasa II, dos marcos abiertos de lectura que no solapan (ORF1 y ORF2) y, finalmente, otra UTR. El ORF1 codifica una proteína de fijación al ARN y el ORF2 codifica una proteína que tiene actividad endonucleasa y retrotranscriptasa. La retrotranscriptasa tiene una especificidad más alta por el ARN del LINE que por otros ARN, y sintetiza una copia de ADN a partir del ARN que se integrará en un nuevo sitio en el genoma.  El ARN de L1 y las proteínas que se asocian a él se han detectado principalmente en las células germinales y embriógenas, mientras que su presencia en las células diferenciadas en condiciones normales es poco frecuente. De hecho, la retrotransposición podría estar asociada incluso a la aparición de mosaicos somáticos.

SINE

Los SINE, a pesar de que cada uno no supera las 700 pb de longitud, suponen el 13,7% del genoma huma- no. Solo tienen una única familia activa específica de primates, que son los elementos Alu. Son los únicos transposones no autónomos per se porque contienen una o dos copias de un ARN no codificante (ARN 7SL, tRNA, o ARN 5S, según la especie), por lo que son absolutamente dependientes de la retrotranscriptasa de los LINE (de ahí que no sean autónomos). Precisamente por su pequeño tamaño y porque el ARN no codificante que contienen posee un promotor interno para la ARN polimerasa III, es esta, y no la ARN polimerasa II, la que sintetiza la molécula de ARN intermedia para la retrotransposición. Se ha demostrado que los SINE/Alu son también importantes reguladores de la información genética, ya que sirven para separar distintos genes, reprimir la transcripción al interrumpir los contactos entre la ARN polimerasa II y el ADN promotor, y reprogramar las marcas epigenéticas de los promotores de los genes adyacentes.

 

RETROTRANSPOSONES Y CÁNCER

En los últimos años se ha comprobado que la tasa de retrotransposición es significativamente elevada en los tejidos tumorales con respecto a los tejidos normales ya que las proteínas codificadas por los LINE-1, ORF1 y ORF2, abundan en muchos cánceres. La activación de la maquinaria de retrotransposición puede producir amplias inserciones genómicas, típicas de los tumores humanos. Se cree que los tumores ofrecen un entorno muy permisivo para la retrotransposición, y con ello, la aparición de las mutaciones “conductoras”(58). El conocimiento derivado de estudios in vivo, in vitro y epidemiológicos demuestran claramente que la expo- sición a elementos ambientales ubicuos, muchos de los cuales son carcinógenos, tiene la capacidad de provocar alteraciones de la metilación y, en consecuencia, alterar la represión de los transposones. Parece probable, pues, que los tumores con alta tasa de retrotransposición estén asociados a un mayor número de mutaciones.

En la actualidad, el único tratamiento curativo que existe para el cáncer de pulmón es el tratamiento quirúrgico. Los pacientes pueden responder inicialmente bien al tratamiento quimioterápico, pero la enfermedad acabará progresando igualmente en muchos pacientes. Esta progresión y la falta de eficacia de los tratamientos tiene muchas posibles explicaciones, como la existencia de una elevada tasa de actividad retrotransposasa en el tejido tumoral.

La retrotransposición somática contribuye a la inestabilidad del cáncer durante su progresión, lo que lo vuelve resistente a los tratamientos que se usan para eliminarlo, tanto a la quimioterapia como a la inmunoterapia. Se ha encontrado relación entre la adquisición de esa resistencia y la actividad de los retrotransposones. El mecanismo parece estar basado en que los retrotransposones provocan mutaciones que hacen que el mecanismo de detección usado para identificar a las células cancerígenas deje de funcionar. Esto puede suceder por varios mecanismos, como que exista una represión en la expresión de creación de nuevos epítopos, o en que se dejen de expresar las moléculas de MHC de clase I. En cualquier caso, esto provoca que el sistema inmunitario deje de atacar a las células cancerígenas. Por lo tanto, parece que en el tratamiento sería conveniente simultanear la inmunoterapia y otro tratamiento que se encargue de inhibir la actividad retrotransposónica.

Para evitar los problemas anteriores se han realizado estudios con líneas celulares de cáncer en las que se ha inhibido la retrotranscriptasa con inhibidores no nucleosídicos. También se han usado metodologías de interferencia por ARN (iARN) para disminuir la expresión del transcrito de los L1 que codifica la retrotranscriptasa. Esta inhibición afecta de forma global al transcriptoma del cáncer y podría reducir la proliferación de las células cancerígenas y las podría devolver a su fenotipo normal.

Otro mecanismo relacionado con el cáncer son los aductos de ADN, en los que el ADN queda unido por un enlace iónico a un compuesto químico. Por ejemplo,  un aducto de benzopireno insertado en el ADN. Este proceso puede ser el inicio de una célula neoplásica, por ejemplo, motivada por la activación de los retrotransposones L1. Los aductos de ADN también se usan en investigación como marcadores de exposición porque reflejan cuantitativamente la cantidad de un carcinógeno concreto a la que ha quedado expuesto un organismo determinado.

 

RETROTRANSPOSONES Y HUMO DEL TABACO

El humo del tabaco es un potente carcinógeno, responsable de la gran mayoría de los cánceres de pulmón en ambos sexos porque contiene muchos carcinógenos conocidos: aldehídos, hidrocarburos aromáticos poli- cíclicos, N-nitrosaminas, aminas aromáticas, 1,3-butadieno y benceno, entre otros.

Se sabe que el tabaco induce cambios genéticos y epigenéticos. Entre los epigenéticos, destacan las alteraciones que produce en la metilación del ADN al hipermetilarlo, con lo que puede silenciar los genes supresores de tumores. También metila el ADN de los transposones. Por ejemplo, la exposición al humo del cigarrillo condensado durante 9 meses conlleva la hipometilación del ADN de los L1 de las células epiteliales bronquiales humanas y altera totalmente las células A549 del cáncer de pulmón. Al haberse observado una estrecha relación de esto con la pérdida de función de la citosina-5-metiltransferasa 1 (DNMT1), se piensa que la hipometilación de L1 se debe a la falta de DNMT1.

Las alteraciones de los transposones por el humo del tabaco no se limitan únicamente al aparato respira- torio. Se ha descrito una correlación inversa entre la cantidad de L1 en la mucosa esofágica normal de los pacientes con carcinoma escamocelular esofágico con historia de tabaquismo de cigarrillo y el índice de Brinkman (número de cigarrillos fumados por día multiplicado por el número de años durante los que se ha fumado) cuando se compara con los no fumadores (p = 0,037). Además, se ha demostrado que el humo del tabaco durante el embarazo afecta a los transposones de la placenta. Como describieron Wilhelm-Benartzi y colaboradores, el estado de metilación de uno de los elementos Alu más jóvenes, el Yb8, estaba asociado positivamente a la exposición al humo del tabaco (p > 0,01). En estas mismas muestras no se vio afectada la metilación de L1 por tabaco.

A continuación veremos cómo afectan los distintos componentes del humo del tabaco al nivel de transposición celular. Vamos a dividir los efectos entre los que producen los compuestos orgánicos y los que producen los metales.

COMPUESTOS ORGÁNICOS

Los siguientes compuestos son carcinógenos conocidos; vamos a conocer su relación con las alteraciones de la retrotranscripción.

Benzopireno

El benzopireno, un hidrocarburo aromático policíclico prototípico, es un contaminante ambiental ubicuo y carcinógeno clasificado como grupo I según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC). Está presente en el humo del tabaco, en las carnes a la brasa y es también un subproducto de la combustión de los carburantes fósiles. El benzopireno tiene la capacidad de unirse covalentemente al ADN y formar aductos de ADN que impiden la acción de los mecanismos de reparación(45). Está demostrado que es un potente carcinógeno epigenotóxico, y esta epigenotoxicidad, al menos en parte, está mediada por los efectos provocados en los elementos de transposición.

Se ha demostrado que la exposición a benzopireno puede reactivar e iniciar la retrotransposición de L1 en las células musculares lisas vasculares en los ratones y en las células HeLa humanas. Estos efectos están estrechamente asociados a su capacidad para hipometilar los retrotransposones L1 porque las células envían la 159 DNMT1 al proteasoma para su degradación, además  de acetilar y metilar las histonas (lo que provoca la descompactación de este ADN). De esta forma se ha conectado la genotoxicidad, la remodelación de la cromatina y la metilación con la regulación de la transposición de los L1.

Los efectos del benzopireno no se limitan únicamente al L1. Se ha visto que las líneas celulares MCF- 7 y HCC1806 de cáncer de mama hipometilan los SINE y los retrotransposones LTR tras la exposición al benzopireno(54). En este estudio también se identificaron elementos SINE hipometilados en la posición 16p13.3, la región del cromosoma 16 que incluye el gen supresor de tumores TSC2, en ambas líneas celulares investigadas. Sin embargo, la expresión del gen y la naturaleza cualitativa del análisis no permite la evaluación de la extensión de la hipometilación SINE inducida por el benzopireno.

Benceno

El benceno es un carcinógeno humano conocido (clasi- ficado como carcinógeno del grupo I por la IARC) que se encuentra presente en el humo del tabaco. La exposición al benceno se ha asociado a leucemia aguda mielocítica y linfoblástica, leucemia mieloide crónica, síndrome mielodisplásico, anemia aplásica, anomalías de la médula ósea y defectos del tubo neural. La exposición ocupacional al benceno está asociada a la hipometilación de L1 y Alu de forma significativa en un estudio llevado a cabo entre trabajadores de gasolineras y agentes de tráfico urbanos en comparación con las personas que no están tan expuestas(8).

1,3-Butadieno

El 1,3-butadieno es un producto químico industrial utilizado en la producción de caucho sintético, resinas y plásticos, y es también un componente de la contaminación del aire relacionada con el tráfico y el humo del tabaco. Se trata de un contaminante ambiental ubicuo y clasificado por la IARC como sustancia cancerígena para los humanos. La genotoxicidad se atribuye a sus metabolitos altamente reactivos y se ha considerado esencial para el inicio de las neoplasias. Se ha observado que en el hígado de los ratones macho C57BL/6 se altera la metilación del ADN, principal- mente por pérdida de la metilación de L1, ORF1, SINE B1 y SINE B2 tras la exposición inhalada durante dos semanas. Además, este estudio demostró que era dependiente de la dosis, ya que la exposición a mayor concentración desmetilaba los transposones todavía más. Los estudios posteriores han demostrado que estos efectos dependían tanto de la variedad de ratones usados en los experimentos, como de los tejidos utilizados. Finalmente, la hipometilación transposónica inducida por el 1,3-butadieno estaba asociada a su posterior reactivación.

METALES

En el humo del tabaco también están presentes diversos metales con capacidad patógena que ya se consideran carcinógenos humanos. También producen enfermedades pulmonares, cardiovasculares y deficiencias en el neurodesarrollo. Los metales carcinógenos son mutágenos generalmente débiles y no forman aductos de ADN. Sin embargo, son capaces de provocar daños oxidativos al ADN. La exposición a los metales, independientemente de su genotoxicidad y mutagenia, está asociada a alteraciones epigenéticas. La gran mayoría de los metales investigados son capaces de alterar los patrones de metilación del ADN, tanto in vitro como in vivo.

Arsénico

El arsénico es un compuesto ubicuo presente en los suelos, rocas, ambientes acuáticos e incluso como partículas en el aire, y es uno de los formantes del humo del tabaco. Está considerado un producto químico muy peligroso. También se ha utilizado como insecticida y para tratar la leucemia promielocítica aguda. La exposición más habitual de los seres humanos al arsénico se produce a través del consumo de agua subterránea contaminada y alimentos en la forma de arsenito o arsenato. Para desintoxicarse, la célula lo reduce y metila, y así lo excreta.

El arsénico altera muchos procesos celulares, como las vías de transducción de señales y el estado de oxidorreducción celular. Puede inducir mutaciones por deleción y aberraciones cromosómicas, pero no mutaciones puntuales. Promueve la transformación celular por mecanismos epigenéticos (cambios en la metilación del ADN). Con respecto a la salud, la exposición al arsénico provoca enfermedades cardiovasculares, respiratorias, gastrointestinales y defectos neurológicos. La exposición a arsénico inorgánico está también relacionada con cáncer de piel, hígado, vías urinarias y pulmón, y ha sido clasificado entre los carcinógenos humanos del grupo I.

Se ha visto que la exposición crónica al arsénico produce una hipometilación global del ADN, la disminución de la cantidad de S-adenosilmetionina (el principal donante de grupos metilo para la metilación del ADN), y una reducción de la actividad ADN metiltransferasa. Los estudios in vitro y epidemiológicos sugieren que esta hipometilación global del ADN se produce sobre los transposones, sobre todo L1, cuya metilación se asoció de forma negativa con el aumento de la exposición al arsénico. Por ejemplo, si la concentración de arsénico está en el percentil 90, se reduce con claridad la metilación de L1 (p = 0,04). Se ha demostrado que la exposición in vitro de los linfoblastos humanos a arsenito produjo una pérdida de metilación en los L1.

Cadmio

El cadmio es un tóxico ambiental y ocupacional frecuente, y es uno de los contaminantes ambientales más extendidos entre los metales. Está clasificado como carcinógeno humano. La fabricación de baterías, el uso del tabaco y el consumo de ciertos alimentos son sus principales fuentes de exposición. Se ha relacionado con efectos adversos para la salud, como los daños óseos y renales, así como el deterioro del desarrollo. Solo es capaz de causar daño al ADN a altas concentraciones y no forma aductos de ADN estables. Los estudios in vitro han identificado que el cadmio tiene una potente actividad epigenotóxica con capacidad para afectar tanto a la metilación global como a la específica de un gen.

Plomo

El plomo es un metal pesado muy perjudicial. Las fuentes de exposición al plomo incluyen pinturas deterioradas en casas antiguas, el agua potable que circule por cañerías antiguas, la quema de combustibles fósiles, productos de consumo, municiones y el humo del tabaco, entre otras. Su absorción puede conllevar daños neurológicos irreversibles, sobre todo en los niños. Se ha descrito pérdida de inteligencia, problemas de audición, memoria y equilibrio, incluso a poca concentración. Las mujeres embarazadas y las lactantes presentan un riesgo mayor incluso a una concentración baja de plomo debido a que las exposiciones duraderas pueden producir efectos neurotóxicos adversos en el feto y en el desarrollo infantil: el plomo atraviesa la placenta y se encuentra presente en la leche materna.

La exposición al plomo se ha relacionado con efectos sobre el estrés oxidativo y sobre el sistema inmunitario basado en determinantes genéticos, incluso a dosis bajas. Diversos estudios han mostrado que la exposición a este metal produce la hipometilación de L1, aunque no ha hallado ninguna afectación de los Alu.

Mercurio

El mercurio está entre los 10 productos químicos de mayor preocupación para la salud pública según la Organización Mundial de la Salud. Se trata de un metal pesado contaminante. Su exposición se produce en empresas eléctricas y de metal, al consumir productos del mar, y al quedar expuestos en la quema de fósiles. Se ha estimado que más de 6.000 toneladas de mercurio se liberan al medio ambiente en todo el mundo cada año. Hay que tener en cuenta que su vaporización constituye otra fuente de exposición a este metal pesado. El mercurio se encuentra también presente en el tabaco.

Los efectos biológicos provocados por el mercurio se deben a la modulación de los mecanismos epigenéticos. La exposición al metilmercurio ha llevado a la hipometilación global del ADN en las células madre neuronales. Existen pocos datos sobre los efectos del mercurio sobre los transposones. Un estudio reciente ha demostrado activación de L1 en las células de neuroblastomas humanas tras la exposición al mercurio. Sin embargo, el mercurio no fue capaz de inducir eventos similares en otras tres líneas de células no neuronales, lo que subraya los efectos neurotóxicos de la exposición a este metal.

Otros metales

El níquel y el cromo constituyen otros metales pesados ubicuos en el medio ambiente y en el tabaco. Existen pocos datos sobre su impacto sobre los transposones. Se sabe que se hipometila el ADN de las células pulmonares A549 y de las células linfoblásticas B, así como de las células de la serie eritrocítica en los trabajadores de la industria del cromo. Por desgracia, el estado de metilación de los transposones no se abordó en estos estudios. Un estudio indicó que la exposición a cloruro de níquel aumentó la tasa de retrotransposición de L1 aproximadamente 2,5 veces en las células HeLa humanas.

CONCLUSIONES

En este trabajo hemos visto que muchos compuestos que aparecen en el tabaco ejercen una acción directa sobre los elementos móviles del ADN, y que estos a su vez intervienen tanto en el origen del cáncer como, especialmente, en su evolución. Tanto en el cáncer como tras la respuesta a la exposición de productos tóxicos, se ha observado una clara hipometilación de los LINE L1 y de los SINE Alu.  Se sabe aún poco sobre los elementos móviles del genoma debido a la dificultad tanto a la hora de secuen- ciarlos como a la hora de procesarlos. Conforme las técnicas de secuenciación y de análisis van evolucionando, vamos descubriendo que lo que comenzó denominándose “ADN basura” cobra cada vez una mayor importancia. Aún quedan muchos interrogantes tanto de su activación como de las consecuencias que tienen, y de la importancia de los distintos tipos de elemen- tos móviles que existen, lo que indica que aún queda mucho trabajo por hacer en este área.

Pero lo más importante estará tanto en su uso diagnóstico como en la obtención de nuevas dianas terapéuticas con el objetivo de disminuir al mínimo las consecuencias del cáncer, con un diagnóstico más precoz y una tratamiento con métodos menos invasivos. También permitirá desarrollar nuevos fármacos que actúen de forma más selectiva para frenar cada tipo de cáncer. Incluso pueden hacernos cambiar la forma de ver y clasificar el cáncer, al pasar a tomar más peso la parte genética sobre la histológica.

Por todo lo anterior consideramos que es conveniente que se fomente su conocimiento y estudio.

 

 

Artículo original de la  revista ‘Prevención del Tabaquismo’ Vol 18, nº 3, descargable desde:

https://issuu.com/separ/docs/prev_tab_18_3

Por |2018-07-10T22:41:40+00:00martes, 10 julio, 2018|Divulgación Cientifica, Divulgación Sanitaria, Revista|