¿Te has preguntado alguna vez cómo tu cuerpo responde a este compuesto? ¿Qué le ocurre a tus órganos?

En estas fechas tan señaladas los buenos mangares y bebidas nunca pueden faltar en una mesa familiar. Todos, alguna vez, hemos brindado con cerveza, con vino, con cava o con bebidas destiladas. Socializar el consumo de alcohol en fiestas está muy arraigado en nuestra sociedad. Sin embargo, todas estas bebidas tienen algo en común: la presencia de alcohol etílico (etanol) entre sus componentes; así que, por mucho que sea una tradición o costumbre, no es saludable. No olvidemos que el alcohol es un tóxico, que incluso, aunque no lo creas, en pequeñas dosis afecta al metabolismo de nuestro organismo. Pero no hay que alarmarse, nuestro cuerpo tiene sus estrategias de defensa para eliminar los efectos tóxicos del alcohol.

La absorción del etanol

La absorción del alcohol, etanol, se realiza vía oral, una pequeña parte se absorbe en el estómago, entre un 15 % y uno 20 %, y la mayor parte se realiza a nivel del intestino delgado, donde se absorbe prácticamente el 80 % del etanol. La velocidad de absorción también cambia con la graduación de alcohol de la bebida, así como con la velocidad de ingesta; siendo aquellas de mayor graduación las que tienen mayor velocidad de absorción, además, cuanto más rápido se beba, más rápida será la velocidad de absorción, ¡un dato a tener en cuenta en nuestras sobremesas! Y no, ciertos trucos, como tomar una cucharada de aceite en ayunas o ingerir grandes dosis de vitamina B, previos a la ingesta de alcohol solo relentizarán un poco el nivel de absorción o sus efectos nocivos, en ningún caso nos libra de la intoxicación si tomamos alcohol en exceso.

El gran protagonista: nuestro hígado

Y una vez el etanol se encuentra en nuestro organismo, ¿dónde se metaboliza? Pues la mayor parte del etanol, entre el 90 % y el 95 %, se metaboliza en el hígado, nuestro órgano estrella a la hora de eliminar toxinas. Solo una pequeña parte, entre el 5 % y el 10 % se excreta por la orina, el sudor o la respiración. Y es el etanol que se disipa por la respiración el que se utiliza para medir el nivel de alcoholemia, ¡lo que hace conocer la bioquímica de los elementos!

El hígado utiliza varías rutas metabólicas para oxidar el etanol. La principal pasa por la acción de la alcohol deshidrogenasa (ADH) y el cofactor NAD+, que transforma el etanol en acetaldehído. Cuando los niveles de etanol son tan altos como para saturar esta ruta metabólica, se activan otras dos vías: la vía de la catalasa y la vía de oxidación en los microsomas hepáticos. El acetaldehído producido se incorpora a la mitocondria donde es transformado en acetato por la aldehído deshidrogenasa (ALDH2). El acetato se incorpora en el ciclo de Krebs como acetil coenzima A (acetil CoA), el exceso de acetato puede resultar en la producción de cuerpos cetónicos, lo que ocasiona cetonemia y cetonuria. Por otro lado, en grandes ingestas de etanol, la saturación de esta ruta metabólica implica también la acumulación de acetaldehído, un elemento muy tóxico para nuestro organismo principal responsable de la aparición de la resaca alcohólica y el rubor facial.

 

De la euforia a la depresión

El exceso de etanol en el sistema circulatorio puede afectar al sistema nervioso central, dada su capacidad de atravesar membranas y barreras, como la barrera hematoencefálica, donde actúa como anestésico, ya que es un agente depresor. Sin embargo, al mismo tiempo, y en dosis pequeñas, aumenta la liberación de dopamina lo que produce cierta sensación de euforia, tan conocida por muchos.

Otro de los efectos destacados es su actuación sobre la producción de la vasoprenina, que actúa de forma directa sobre la retención de líquidos. El etanol disminuye la producción de esta hormona, haciendo que se tenga más ganas de orinar, lo que contribuye al alto nivel de deshidratación, una de las causas de aparición de la resaca.

En definitiva, tengamos cuidado con lo que tomemos y seamos responsables. ¡Bebed con moderación, por nosotros y por nuestro organismo! Feliz Año 2020