Ateneo Poético: Rafael Toro

Ateneo Poético: Rafael Toro

Continuando con nuestro Espacio Poético Ateneo Mijas, hoy nos complace presentaros la obra de nuestro Poeta Mijeño Rafael Toro, con una primera entrega de Prosa Poética.

O T O Ñ O

Días de melancolías, de miradas tras el cristal; en busca de un tiempo mejor.

De parques moteados de hojas caducas y charcos de agua, que hacen imposible los juegos y risas infantiles.

En la orbe, días de paseos apresurados bajo la lluvia,  de saludos furtivos y chubascos intermitentes. Niños embutidos en coloridos impermeables y botas de agua, escapando del control parental; para chapotear en los escasos charcos de las aceras.

Visiones que se mantienen en la retina, del paseante incansable. Días de hogar, de sofá y película; acurrucados en la manta. Momentos para preparar el próximo año, consumido ya el que nos mira; a punto de fenecer.

Contemplo el bosque, alfombrado del marrón verdoso de las hojas que mueren, en breve periplo hacia la yerba húmeda. Árboles desnudándose sin pudor, para recibir el inmaculado blanco del invierno. Animales tímidos, desprovistos de su natural camuflaje, a los ojos del buen observador. Arroyos secos, que comienzan tímidamente a fluir; con las aguas de lluvias intermitentes.

Mañanas de rocío blanquecino, que ocupa tímidamente los suelos; para desaparecer a lo largo del día. Hermosas imágenes para pintar, o describir desde la pluma del escritor; o en el lienzo del pintor. Época de frutos maduros, de recolección o lamentos por la mala cosecha. Vidas que se aletargan, para esperar al próximo verano.

Mar embravecido, barcos zozobrados, marineros expertos luchando con los elementos. Faros ululando en las noches de niebla, con luces apenas visibles a la lejanía. Figuras estáticas, que en la lluvia; parecería como si lloraran. Cielos oscuros, que tornan en minutos a azules intensos de limpia atmósfera.

Días de manos entrelazadas, recordando la primavera pasada; recibiendo los besos furtivos del Amor conocido. De abrazos apresurados bajo el paraguas, de carreras hacia el automóvil; porque nos cogió el chaparrón. De esperar a que escampe para salir, de “ponme otro café a ver si se despeja un poco”.

Días en los que la Naturaleza nos recuerda su terrible Voz, su ira infinita; en forma de rayos, y lo insignificantes que seriamos ante su terrible cólera.

Días en los que los lugareños lamentan los campos quemados, la necesidad de recuperar lo que la necedad del ser humano perdió en escasos momentos; cuando a la Naturaleza le costó tantos años parirlo.

Días cortos y noches largas, que invitan a los amantes a ser más dulces, si cabe. A más tiempo arremolinados en el lecho, a más juegos de cama; y a no levantarse aún.

En las vidas, el otoño nos recuerda el declinar; el pensar más pausadamente los actos, el saber y la sobriedad. Pero también en la sabiduría en los juegos, en las sonrisas amplias y en contemplar lo vivido; y alegrarte de lo conseguido. Época de consensuar, de mantener la amplia mirada, de reconocer lo perdido y saber lo ganado.

Momentos que no vuelven, pero que se encuentran en la ética de los que lo vivieron. Acompáñame, a mirar mi bosque, a sentir mi mar, a contemplar mi orbe. Mira a través de mis líneas, y encuentra el recuerdo que hace escapar tu sonrisa. Y en la tarde, al calor del hogar; cuéntamelo, pero que yo también pueda regalarte mi sonrisa.

Rafael Toro

 

Imagen cedida por Isabel Gámez

Por | 2017-11-10T08:13:29+00:00 viernes, 10 noviembre, 2017|Ateneo Poético, Literatura, Revista, Sociedad Mijeña|